Renace, aviva tu Luz.

Si en cualquier momento de mi vida me hubieran preguntado: Elena ¿eres feliz?.  La respuesta siempre habría sido sí.  Independientemente de que esté contenta o triste, feliz he sido siempre. 

Salvo en tres momentos puntuales en los que he dudado de todo, incluso de si merece la pena vivir.  Sí, lo confieso, ha habido varias ocasiones en las que no he sabido valorar lo que tengo, ni tan siquiera lo que soy.

En esos momentos me sentía tan ofuscada, sumida en una densidad tan espesa, pesada y oscura, que no era capaz de ver la luz al otro lado.  La primera vez era bastante joven y no recuerdo bien cómo salí del fango.

Sí recuerdo que me llevaron al psiquiatra y me hicieron toda clase de pruebas en el cerebro, electros y demás.  Para concluir que «estoy bien de la cabeza».  Todo lo bien que se puede estar, supongo.  Y me recetaron pastillas, después de diagnosticarme depresión _como puedes deducir_.

Hoy, tras otras dos experiencias más del estilo, sé, tengo la certeza de que lo que he hecho es «atravesar noches oscuras del alma» _como tan bellamente lo describe San Juan de la Cruz_ , es decir, he pasado por periodos en los que me he sentido tremendamente sola y desolada. 

Y esta desolación la primera vez la viví como si fuese culpa de mi entorno, del novio que me había dejado, de las amigas que no estaban para mí, de los padres que tenían cosas más serias de las que ocuparse… De la vida que se ponía cuesta arriba.

 La segunda vez ya no busqué culpables.  Recuerdo que me preocupaba caer en lo más profundo y no saber salir.  Ese era mi gran temor.  Te sonará, si alguna vez has vivido algo similar, porque cuando escucho a otras personas que pasan por experiencias parecidas, es algo que repiten, el miedo a no poder salir del hoyo. 

Ahora, tras estas ocasiones en las que llegué a olvidar hasta el valor de mi propia vida, que es lo más estimable que tenemos, tengo la seguridad de que solo tocando fondo es cómo podemos salir a la superficie.  Es el rendirte en las profundidades del abismo la clave para impulsarte y flotar nuevamente.

Sales del abismo, renovada, resurgiendo de tus propias cenizas.  Con una Fuerza increíble, esa que te facilita el remontar y seguir nadando.  Fuerza interior que te impulsa a seguir adelante con coraje, ganas e ilusión.  Y te preguntas de dónde ha salido esta energía, cuando hace unos días no tenías ni para levantarte de la cama.

No lo sé.  Sé que nace del interior, que es como un clic que se enciende en nuestro cerebro y que activa nuestro corazón y nuestro cuerpo para seguir palpitando, respirando y sintiendo con ilusión.  Sé que hay un Algo que activa ese clic, que aviva nuestra llama interior, aunque no sepa describirlo mejor. 

Ese Algo lo he sentido como un abrazo amoroso que me envuelve y llena de calor mi cuerpo desasosegado y gélido, y de paz y consuelo mi triste corazón. Esa luz interior ha iluminado las tinieblas que me asolaban y despejado toda la densidad, de igual manera que la luz del sol surge tras las nubes oscuras que lo opacan después una tremenda tormenta. 

Mi luz estaba, sí; era como un candil bajo la niebla, apenas perceptible.  La densidad emocional, la confusión mental y la desarmonía, la desunión con el Todo, no me permitían verla.  Pero siempre está, compañera de camino, siempre.

Hoy puedo decirte con conocimiento de causa, que se sale de lo más profundo, aunque haya momentos que lo llegamos a poner en duda. 

Para ayudarte a salir, porque también me consta que ese rendirse incluye el darse cuenta de que se necesita ayuda, basta de tratar de ir de «Agustina de Aragón», empieza por desarrollar la capacidad de pedir ayuda, y trabaja el merecimiento, es decir, desarrolla la capacidad de recibir.

Digo: para ayudarte existimos profesionales y muy diferentes terapias complementarias, sin caer en la medicación pura y dura o además de ella (habrá casos en los que sea necesaria); pero con ella solo estás distorsionando o ayudando a suavizar los síntomas, pero no abordando la cuestión desencadenante.

Para mí, la clave está en entrenar el hacerte cada día más consciente de lo que piensas, sientes y anhelas (anhelo del Alma me refiero).  Con todo, quienes somos propensas a sumergirnos en estas profundidades nocturnas, creo que volveremos a pasar por este momento de eclipse.  

Pero de seguro que lo hacemos desde otro nivel de conciencia.  Lo que no te garantiza una travesía más sutil, pero sí más atenta y con un profundo refuerzo de la Confianza.  Confianza en que esto también pasará.  Confianza en la vida, en que merece la pena intentarlo y buscar la manera de salir.  Confianza en ti misma y en tu capacidad de reconstruirte cada vez que te rompes.  Y confianza en Algo más que está por encima de nosotros, de nuestro pequeño ser mortal.

Y eso es lo que significa para mí la Navidad: ese renacer tras cada «pequeña muerte», ese resurgir de las cenizas, cual ave fénix.  Navidad (que deriva del latín nativitas-atis) significa nacimiento, surgir a la vida. 

Los antiguos temían que el sol (al cual consideraban un dios), que se encuentra a la mayor distancia del Ecuador ahora en el solsticio de invierno, entre el 21 y el 23 de diciembre, no volviera a salir.  De ahí que hacían toda clase de rituales para invocar su luz.  La iglesia católica, la natividad de Jesús, al que considera el auténtico hijo de dios, la sitúa en torno a esas fechas (el 25) también. 

Es todo muy significativo _¿no crees?_. Desde mi insignificancia, llego a intuir que estas fechas están impregnadas de una profunda Magia.  Y no es la que les aporta ninguna burbuja, ni aroma embriagador, ni objeto alguno por lujoso que sea. 

La Magia está dentro de ti, dentro de mí, dentro de cada uno de nosotros.  ¡Avívala!

Te sugiero que disfrutes plenamente estas fechas desde este sentimiento de Renacimiento; que te permitas dejar morir lo viejo que hay en ti, en tu vida, en tus relaciones… Que vivas estas fiestas como un momento para estar más conectada contigo misma, ir hacia tu interior, «deconstruirte» y surgir con el Año Nuevo en tu mejor versión.

El invierno es tiempo de reflexión, interiorización y meditación.   Y estas fechas navideñas además son propicias para compartir con los seres queridos desde el Yo más auténtico y vivo, y disfrutar de Ser plenamente consciente.