¿Conoces la diferencia entre estrategias de regulación emocional y atención plena a la emoción, o crees que son la misma cosa?

Prefiero hablar de Atención plena a la emoción, más que de gestionar o manejar, pues a mi modo de ver hay una sutil, pero importante diferencia. Atender incluye permisividad, aceptación, una energía yin y de apertura. Mientras que gestionar o manejar tienen carga yang, de hacer, de controlar. Pero muchas veces me encuentro con personas que las utilizan indistintamente, con el mismo significado. Supongo que será una simple cuestión de semántica. ¿A ti qué te parece?

En todo caso, me gustaría aportar estrategias o pautas para vivir las emociones con una actitud de aceptación y paciencia hacia nosotras mismas. Vamos a poner de ejemplo una de las emociones que más nos perturba, sobre todo a las mujeres. Ya que incluso las emociones son más aceptables socialmente unas que otras dependiendo de si las expresa un hombre o una mujer.

Así el enfado, que es algo primario, visceral, por tanto igual para cualquier ser humano, sea del sexo que sea, socialmente viene siendo mejor aceptado en hombres que en mujeres. En cambio, la tristeza y su expresión, _repito_ social y tradicionalmente, son mejor vistas en mujeres que en hombres.

La emoción es una energía, que brota de nuestro abdomen, que no podemos controlar y que no se debe reprimir. Sino que es mejor aprender a manejar, a gestionar, a expresar de manera saludable. Y así puedes encontrar un montón de estrategias de regulación emocional, pues está de moda el coaching emocional, para desarrollar habilidades de gestión en este campo.

Atender la emoción

Autoconocimiento

Empecemos por ver con qué nos enfadamos, por qué. Voy a hablar en primera persona, porque me es más fácil desarrollar el proceso de atender la emoción si utilizo un caso concreto. Puedes hacerlo tuyo y mirar qué te enfada e ir siguiendo los pasos para atender y soltar la emoción.

Básicamente, me enfado cuando no logro dormir, cuando estoy muy cansada o tengo mucha hambre.  Ah, y, sobre todo, me enfadan la injusticia y la estupidez humanas; sobre manera si ostenta las dos juntas un mismo personaje con autoridad.

Me doy cuenta de que todas las situaciones mencionadas implican una merma de mis capacidades, un sentimiento de debilidad o decaimiento, ya sea por falta de horas de sueño reparador o por falta de azúcar en sangre o, por experimentar impotencia ante situaciones no deseadas que me desconciertan.

Vivir lo que sientes

Las emociones son una señal, son oportunidades para que ocurra algo, para que tomes acción y cambie algo.  En el caso que nos ocupa, el enfado, puede invitarte a que des un golpe encima de la mesa y digas basta.  A veces, no puedes dar el siguiente paso, no logras poner límites, entonces, esa energía no se libera.

Hoy por hoy, donde puedo estar es en la observación atenta y ecuánime de todo lo que siento.  No echando balones fuera, responsabilizándome de mi sentir; no culpando a nadie, ni a mí por estar en este punto, enfadada. 

Observar con Atención plena

Observo ese enfado, la energía potente que conlleva, miro mi nerviosismo, la agitación del cuerpo, del corazón y del pulso.  Me suelo parar y observar todas las manifestaciones físicas posibles, dependiendo del grado de intensidad: taquicardia, respiración agitada, temblor de manos, sudor, subida o bajada de temperatura general.

Llevo la observación en quietud más adentro, a lo más sutil de mi cuerpo y percibo la tensión, la contracción de músculos y órganos, en la espalda, en la mandíbula o el cuello…

También observo la mente y cómo está: ofuscada, cerrada, superada, agitada…  Unas veces predomina más un estado que otro, pero lo que es seguro es que no se siente ligereza.

Atención a la emoción

En esta observación de todo, me acabo centrando en la propia emoción: enfado.  Atención plena a la emoción: sus matices, que pueden ir desde la indignación y la furia, la ira y la violencia, el odio y la hostilidad, hasta la simple molestia, el pequeño enojo, el leve fastidio o el “¡Jo, qué rabia!”, pasando por la impaciencia o la arrogancia, que no parecen tanto un modo de enfado.

También observo que esa emoción no enmascare otras.  Mientras que las emociones primarias, como son el enfado, el miedo, la tristeza y la alegría surgen de las tripas y duelenLas emociones secundarias, subyacentes, son desadaptativas, te hacen sufrir.  Hay que observar mucho más profundo.

Es muy habitual que el enfado esté tapando una profunda tristeza.  Creo que este ejemplo no es el caso.  Pero podría haber cierta desilusión, porque algunas experiencias de la tierra podrían ser más amigables y no lo son.  Decepción, porque algunas personas en ciertas ocasiones no ponen de su parte para que todo sea más agradable…

Centrada en la emoción

Permanezco respirando y atendiendo la emoción.  Permito que se dé como se está dando.  Observo si hay deseo de que se vaya; suelto ese deseo.  Observo si hay apego y las compensaciones que puedo tener por estar enfadada, a qué no me tengo que enfrentar, qué logro, qué evito gracias a ello…  Y suelto.

Sigo buceando, es decir, observando más profundo en mi interior.  A ver dónde me lleva esta observación atenta, pero sin expectativas.  No pretendo nada, no busco que desaparezca esta emoción.  Solo permanezco en ella, con apertura, permitiendo que se desenrede, se suelte y fluya la energía que hay en ella.

Siempre digo que es paradójico, pero es que es así.  Sin pretensión alguna, con la mera observación atenta y plena, la energía que sea que está contenida, parece desatascarse, se transforma.  Generalmente, permanezco observando por un tiempo indeterminado, mientras percibo la energía en evolución en alguna parte de mi cuerpo o mente.

Respirando en la emoción

Sentada en quietud, solo atendiendo a la respiración, consciente de como entra y sale el aire, y atenta a todo lo que acontece.  Respirando, no identificándome con la emoción.  Respirando, permitiendo soltar, liberar tensiones de cuerpo y mente. 

No sé decirte cuánto tiempo se requiere, tampoco puedo decirte que sentándote y respirando atenta logres estas liberaciones como quien chasca los dedos.  Por lo dicho antes, no hay cabida para los deseos de cambiar ni para las expectativas en este trabajo.

Sí hay lugar para la entrega abierta, la aceptación incondicional de lo que hay y para la confianza y la fe en que lo que se da es para nuestro mayor bien siempre, aunque no logremos verlo así. 

Suelta y confía

_este es mi mantra preferido_
Bajo la emoción, la calma

Y, es seguro, que la calma llega, es lo que hallarás bajo el enfado, o la emoción que sea, si profundizas lo suficiente. Siempre, bajo toda emoción lo que encontramos es ausencia de la misma. Y eso se traduce en paz interior, sosiego, calma total.

Coach o entrenadora de Atención plena

Como suelo decir, si crees necesitar una «monitora de buceo» para bajar a los abismos emocionales, algo sé de ir a las profundidades de nuestro ser, en esa aventura puedo acompañarte.

O, si, como las chicas más jóvenes con las que me relaciono (que hablan tanto inglés como castellano) prefieres decir que necesitas una «coach personal», también puedes llamarme. Lo hacen, en broma, pues saben que si hay palabra en español que traduzca la inglesa la preferiré mil veces, pero acepto la palabreja 😉 hay que ir con los tiempos.