Una persona acaba de decirme en Facebook: <<no te veo en una temporada y te transformas>>.

No hace mucho, mi pareja me comentaba también: <<es que has cambiado mucho, no eres la misma…>>

No hace falta que me lo diga nadie, no; yo me doy cuenta de que no soy la que era, algo ha cambiado a todos los niveles, he sufrido una profunda transformación.  Y no hay marcha atrás, me temo; para lo bueno y para lo malo.

Lo noto en el cuerpo a nivel físico, y no solo por lo que he adelgazado (algo innegable, porque salta a la vista); sino a nivel estructural, de formas, de calidad de la piel… 

También noto grandes diferencias en lo que se refiere a los sentidos: ampliamente desarrollado de siempre el olfato, últimamente es exagerado lo sensible que soy a determinados olores.  Los  artificiales, como algunos perfumes por ejemplo, los detesto, me levantan dolor de cabeza.  No te quiero contar lo que supone entrar en un centro comercial, creo morir…

Y el oído, ¡madre mía!, resultan insufribles muchos ruidos, es como si mi cabeza fuese a estallar.  Me he vuelto demasiado sensible al volumen del sonido. Tiene lado agradable: oigo a distancia el trino de los pajarinos en la mañana y es algo maravilloso.

Y uno de los despertares más sorprendente para mí ha sido el del gusto.  Siempre he considerado que disfrutaba de comer, que  degustaba la comida y la paladeaba antes de tragarla.    Y no! Claramente aquello no era saborear. 

Ahora me doy cuenta de lo que es degustar y deleitarme con los múltiples sabores de los alimentos.   Me tomo mi tiempo para captarlos y que me embriaguen con su esencia: poder nutritivo para mi cuerpo, sabiendo que me van a alimentar.  Y poder de deleite, de goce, en el momento de ingerirlos y saborearlos.

Así que esta revolución interior, esta transformación, manifiesta también en lo externo, me ha traído dolor, sudores y lágrimas, procesos difíciles, pero que una vez atravesados solo te dejan ver todo lo que has aprendido y lo maravilloso que es evolucionar,  Ser plenamente consciente

Aunque he de confesarte que no siempre lo veo todo tan positivo, hay días en los que me tengo que enfocar muy atentamente en reducir densidad (ya sea esta en forma de dolor físico, emocional, pensamientos negativos, patrones de comportamiento, etc.).  Tengo que aplicar altas sumas de paciencia amorosa conmigo y mi nuevo yo. 

Y emplearme en todas las prácticas mindfulness que conozco para estar centrada y conectada con mi ser auténtico.  Pues estoy descubriendo, a fuerza de ensayo-error, que estar alineada con los auténticos deseos de tu alma hace el trayecto más fácil o, al menos, más llevadero en su dificultad.  Ya que algunas consecuencias no son nada agradables y  cuesta adaptarse.

Conclusiones a las que he llegado de momento: he tenido que ser una niña hipersensible, seguro, aunque no recuerde casi nada de mi infancia.  Intuyo que así fue y por no sufrir, por no experimentar demasiado dolor, me cerré, puse un montón de corazas para protegerme, mis máscaras preferidas para ocultar mi vulnerabilidad y a tirar para adelante.  Parapetada tras una muralla para no sentir.

He sobrevivido, sí.  He llegado al momento presente con esas protecciones.  Desde hace una década para acá me he venido dedicando  a quitar esas armaduras de encima, realizando un trabajo minucioso y profundo para poder desprenderme de corazas conscientes e inconscientes.  Como si estuviese pelando una cebolla.  Me ha servido de mucho la terapia transpersonal (por eso ahora me dedico a ello).

Y ahora me doy cuenta de que estoy en el corazón.  Y lo más arriesgado, lo que más vértigo da, estoy permitiendo que otros tengan acceso a él.  A corazón abierto, ¡wow!.

Da miedo, ¡mucho!, lo reconozco.  Pero hoy me permito sentirlo, que me atraviese, sé que no me matará.  ¡Siento todo lo que ha de ser sentido!  Y bailo cuando toca bailar…

Quizás por falta de costumbre, me parece que estar así de expuesta es arriesgado.  Pero por otra parte, cada vez me gusta más la aventura, le estoy cogiendo gusto a vivir el momento presente con todo lo que hay.  Y a improvisar.  Sin tener la necesidad de controlarlo todo, por esa falsa creencia que tenemos de que así, si lo tenemos todo previsto, saldremos airosas.   ¡Ilusos mortales!

Paradójicamente, como no podía ser de otra forma, la vida cada vez te hace sentir más experiencias agradables y menos aterradoras (una vez que las experimentas y  las trascienden, te trasformas y vibras en otra frecuencia, que atrae buenas nuevas).

Entregarse a vivir el momento presente, con curiosidad y confianza en que lo que ha de ser, será, aporta alegría verdadera y creatividad a nuestras vidas.  Porque no reaccionamos, sino que tenemos que dar una respuesta original a lo que surja de repente, sin expectativas y sin previstos.   Genial!!  Lo estoy disfrutando totalmente.

Y tú: ¿estás viviendo tu vida a tope?  ¿Pudiendo disfrutar del aquí y ahora?  ¿Abrazando tu vulnerabilidad?    Prueba, como yo, a volverte plenamente consciente y confiar en ti misma, en la vida y en los demás. 

Confianza en nuestra alma, en nuestro poder interior, en nuestra intuición, también en nuestras aptitudes o dones y en nuestro valor como seres humanos únicos e irrepetibles.

¿Cómo lograrlo? 

Yo te cuento mi experiencia: el punto de partida hace más de 10 años y mi trabajo diario está enfocado en la meditación.  Puedes probar a ver si va contigo.

 ¡Te invito a probar una de mis clases de mindfulness o atención plena!

Y a la par, como ejercicio físico, muy unido con la espiritualidad también, practico desde hace 7 años de manera constante y regular yoga.  Te lo recomiendo totalmente, pues aporta muchísimos beneficios a todos los niveles, cuerpo, mente y espíritu. 

Como seres holísticos que somos, cuando actuamos sobre un aspecto (ya sea a nivel emocional, físico o energético) el conjunto se ve afectado.  Así que puedes empezar  prestando atención al aspecto de tu vida que prefieras y abordarlo desde la disciplina que te atraiga más, porque al final el conjunto se beneficiará.  La transformación tiene lugar sí o sí, solo requiere de tu atención y constancia. 

A propósito, si vives cerca de Cudillero, he de recomendarte las clases de yoga de los lunes y los miércoles, a las 19:30 en la casa de Cultura.  Imparten dos Maestras maravillosas (María Broch y Eileen Muir), incomparables, complementarias y potentísimas.  Esta experiencia marcará un antes y un después en tu vida.