Duda existencial…  Datos para saciar tu curiosidad.

He ahí la cuestión…

Mujer; de mediana edad. ¡Dios mío, cómo suena eso! No me lo creo. Pero eso dice mi DNI.  Y ahora que me paro a pensar lo que acabo de escribir, añadiría que optimista. Jeje, pues podría pensarse que cuento llegar a los 100 (y pensaría bien quien así hiciese).

Me vinieron a parir en Asturias (utilizo las palabras de la canción de mi paisano, Víctor Manuel: “le fueron a parir entre algodón”). No me parece muy significativo, pese a que es un maravilloso lugar al Norte de España. Entorno de naturaleza exuberante, cerca de la mar, particularidad local que agradezco mucho, pues me encanta. Y es que tal vez la geografía sí nos defina en cierta manera, la orografía, el clima… y la historia regional también, cómo no.

De profesión: gerente de alojamientos turísticos durante más de 20 años. ¿Dice algo de mí?…

De formación profesional: enseñante (compartidora de los conocimientos que voy adquiriendo y de la propia experiencia de vida), alentadora de “pequeños saltamontes”, agitadora de mentes, entrenadora de guerreros espirituales, gracias al Acompañamiento y a la Consultoría Mindfulness. ¿Me identifica más?

Curiosa, estudiosa incansable, positiva, animosa, sociable, cordial, solidaria…

Reservada, discreta, solitaria, seria, rara…

Todo y más. Y nada de esto me define en realidad.

Un ser humano. Un alma encarnada en un cuerpo habitando el planeta tierra, conviviendo con otros seres, intentando sobrevivir buenamente. Esto sí. Esto tal vez se acerca más a la realidad. ¿O, tal vez, solo sea un sueño…?

En esta encarnación llevo años tratando de hacer lo más adecuado en cada momento, procurando actuar de la manera más amigable posible con todos, queriendo ganarme la aceptación de los congéneres. Y hasta aquí he podido llegar, sana y salva.

Confieso que me he identificado con mi ego toda la vida, creyéndome que era el personaje que interpretaba en cada momento y nada más que eso.  En la actualidad, puedo ver el personaje y darme cuenta de que no soy él.  El personaje me representa, lo mismo que mi cuerpo es el vehículo a través del cual me materializo en la tierra; pero no soy solo ese papel, esa creencia, esa materialización. 

Soy quien puede observar todo ello.  Ese Ser que está detrás de la individualidad y de la materia, esa energía es parte de todo, también de mí como individua, como ser humano, como mujer, como Elena… 

La identificación con el personaje nos limita y nos reduce a una existencia estrecha; sin embargo, la atención plena me ha hecho consciente de todo lo Grande que hay detrás, en el fondo de esa pequeñez.  Somos ilimitados, pero durante mucho tiempo no lo supe, vivía encorsetada en mi humana existencia. 

Llevaba una máscara de buena chica, complaciente (a regañadientes), positiva, proactiva y dinámica… Un buen día me cansé de esa máscara y la rompí (di un giro a toda mi vida, salvo a la profesión, aunque en ese terreno _ya ves_ también he ampliado campo).  Pero la reemplacé por otra, lógicamente: desenfadada, liberal, despreocupada, osada.

Y muy gracioso, tampoco en ese entonces supe reconocer que no era yo realmente, que volvía a utilizar un personaje, para mi seguridad, aunque fuese de arriesgada.  Le di la vuelta a la tortilla, pero seguía con una percepción limitada de la realidad.  No me observaba en conjunto.

Hasta el momento presente, en el que he abierto los ojos y soy consciente de mis personajes pasados y presentes, y me veo y me reconozco como soy, con mi fondo luminoso (al que llego en momentos de silencio y calma interior) y mis sombras palpables y reales, con las que convivo a diario.  Veo las dos caras de la moneda, la positiva y la negativa, y puedo decir con profunda alegría que no me avergüenzo de ningún aspecto de mí; vale que algunos no son todo lo agradables que me gustaría… pero los acepto.  ¡Me acepto a mí misma! _no me lo puedo creer_. 

Y con esta sinceridad conmigo misma, ha venido la sinceridad y la transparencia de cara a los demás.  Empiezo a no fingir (o darme cuenta cuando lo estoy haciendo), a no tratar de mostrar solo la parte más atractiva de mí, por aquello de ser aceptada y querida. 

 La vida comienza a ser un poco más liviana, tengo menos ansiedad y me siento más realizada (auténtica).  Y de paso estoy comprobando que no pasa nada, que sigo siendo aceptada.  Y además, que los otros se sienten más libres para ser ellos mismos, es como si me hubiese quitado un peso a mí y los otros se hubiesen sentido aliviados de él también; con permiso para ser más nosotros mismos.

Y en estas estamos, amiga lectora, afrontando lo que toca, buscando llevarlo lo mejor posible, descubriéndome y aceptándome cada día un poco más. Que de eso se trata todo el juego: de Re-ConocerTe, de arrojar luz a nuestras sombras, y hacer que esa luz que brota de nuestro interior sea cada vez más intensa y nos guíe por el camino mejor y más conveniente para nuestro crecimiento. 

En mis sucesivas publicaciones voy a compartir contigo lo que me surja en el momento, las cosas que voy experimentando, lo que encuentro que otras personas escriben, resuena conmigo y/o me he aplicado; lo que me ha sido de utilidad, y lo que no, pues nunca se sabe… quizás pudiera serte útil a ti.

Lo que tengo claro a estas alturas es que cada una tiene que recorrer su camino, atravesar sus desiertos y también disfrutar de los oasis. Los demás únicamente nos sirven de guía en algunos tramos, acompañantes en otros y de Maestros siempre. 

Interiorizar esta certeza te aporta mucha libertad y esa cualidad de independencia, innata para algunas, pero que otras aún no han conquistado; la cual considero imprescindible para vivir tu propia vida plenamente.  Porque algunas personas se pasan la vida dependiendo (económica o emocionalmente) de otros: padres, parejas, hijos, criterios sociales, gurús de lo que sea.  Olvidando que son todo lo libres que han elegido ser en el pasado.  Y tal vez no sepan que esta situación es posible cambiarla, haciendo variaciones hoy para que el futuro no sea igual, y todo empieza haciéndose conscientes.

A  propósito de Maestras y de disfrutar, voy a contarte uno de mis espacios preferidos para mimarme y sentir que estoy en la Gloria; aunque no tanto se trata del lugar, sino de la persona.  El local de Tierra Mágica sí que es cálido y acogedor, por supuesto, pero quien lo llena y lo personaliza, y lo hace superior es la presencia y el buen hacer de Begoña R. Berlinches, dulce chamana y cariñosa terapeuta. 

100% recomendable el masaje: «caricias que te sanan», caricias que te llegan al alma, te lo aseguro.  Tiene el poder de hacerte sentir como una auténtica diosa. O como una niñita atendida y mimada por su cariñosa mamá.  No sé qué imagen te sugiere más, pero a mí me hace sentir de ambas formas a la vez: grandiosa en mi divinidad y chiquita en mi humanidad, como realmente Yo Soy.

Espero que vayas y me lo cuentes.